Logró importar aceite de cannabis y salvó a su hija con epilepsia

Logró importar aceite de cannabis y salvó a su hija con epilepsia

No más lágrimas. La vida de Laura y su familia era apacible, hasta que a su hija le diagnosticaron una severa epilepsia. Cuando los fármacos fracasaron, se informó y descubrió las posibilidades terapéuticas del cannabis. Hizo su propio aceite y hasta cultivó, pero no alcanzó. Eso la llevó a exigirle al Estado argentino que le permita importar la medicina y se transformó en la primera persona del país en lograrlo. Hoy Josefina está a salvo. Una historia donde la felicidad nació de la lucha.

Subimos una cuesta entre pinos. Cerca se escucha el mar. Es un día claro en la antesala del verano. Al frente va Laura que, antes de guiarnos por el bosque, nos dijo que estacionemos el auto a la sombra, que el dueño de la casa frente a la que paramos es el pediatra de su hija.

Llegamos al lugar en el que Laura vive con Fernando y sus dos hijos: Facundo, de 8 y Josefina que, a finales de este enero, va a cumplir 3 años. Es una construcción de las que llaman “de estilo americano”. Techos y paneles de madera montados sobre cimientos. Para empezar la obra, eligieron la temporada baja. Fernando estaba con poco trabajo en la playa, así que bajó de Internet un manual de instrucciones, encargó los materiales y empezó la labor. En dos meses la casa estaba lista para ser habitada.

Laura y Fernando no nacieron a orillas del Atlántico. Cuando llegaron al pueblo de Mar de las Pampas lo primero que hicieron fue trabajar juntos como encargados en un complejo de cabañas. Hoy, ella es maestra jardinera y él va y viene de la costa en un cuatriciclo con sillas, reposeras y sombrillas que alquila a los turistas. Contada así, la historia reciente de esta familia ayuda a entender que no fue una casualidad que fueran los primeros en obtener una autorización oficial para importar aceite de cannabis a Argentina para tratar la epilepsia de su hija menor.

Entramos. La cocina está rodeada por unos ventanales que ocupan casi toda la pared, sin persianas ni cortinas. Nos sentamos todos a la mesa. Hablamos de lo difícil que fue colocar los tirantes que sostienen el techo, de la luz natural, de la tranquilidad. A unos metros de donde nos reunimos los adultos, Facundo juega sentado en el piso, camiseta de selección, Playstation y fútbol. Josefina está en su habitación. Duerme.

Los primeros días

“Todo empezó un día en el que Laura volvió del jardín”, recuerda Fernando. “Le digo: ‘la gorda está rara’, porque yo la iba a buscar a la cuna y siempre me recibía con una sonrisa de aquéllas y esa vez noté una diferencia”. Al principio pensaron que se debía a unos episodios de reflujo gástrico que Josefina venía tratando con su pediatra. Sin embargo, al poco tiempo empezaron a observar en pequeños detalles que algo no estaba bien. “Primero, le sacamos una foto y le vimos una mirada rara, otro día estaba tomando el pecho y directamente tiró los ojos para atrás”, detalla Fernando mientras Laura lo mira. Pese a eso y a percibir unos movimientos que desconocían en ella, ante lo desconocido siguieron aferrados al diagnóstico del reflujo. Tenía que ser eso. Incluso cuando empezó a vomitar no imaginaban que el motivo pudiera ser otra cosa más allá del problema gástrico. “Pero un día me bañó, fue impresionante”, dice Fernando, que ahora mira a Laura. En ese momento decidieron hacer una consulta con el pediatra. En el hospital municipal de Villa Gesell, recostada en la camilla, hizo su primer episodio convulsivo.

“Nos dijeron que no nos asustáramos, que nos iban a dar un turno con un neurólogo, pero no nos dijeron que eso que habíamos visto eran convulsiones”, cuenta Fernando mientras se levanta y camina hacia la heladera. “Eso fue un viernes a la tarde”, precisa Laura, “empezamos a llamar a Mar del Plata desesperados para pedir un turno urgente con un neurólogo”. La opción que les habían ofrecido en Villa Gesell implicaba esperar semanas. Cuando lograron comunicarse con el consultorio de un neurólogo de Mar del Plata, la secretaria se estaba yendo, dispuesta a empezar su fin de semana. Les dijo que se comunicaran el lunes, pero les aclaró que no había turno sino hasta dentro de un mes. Ante la insistencia, les propuso que si querían podían ir, esperar al médico, tratar de explicarle el caso y, eventualmente, recibir un sobreturno. Un viernes a última hora parecía la mejor opción posible.

Fernando trae unos vasos, sirve gaseosa y agua según las preferencias. “El sábado nos fuimos a Pinamar a un torneo de fútbol en el que juega Facundo y en la tribunita Jose empezó a tener espasmos”, recuerda Fernando, “se empezó a retorcer, fue horrible”. Laura decidió llamar a una amiga estudiante de pediatría. Filmó a su hija en plena crisis y le mandó el video. “Me dijo que no tuviera miedo”, cuenta Laura, “pero que parecía una convulsión y nos dijo que nos fuéramos para Buenos Aires… la verdad que no sabíamos a dónde ir”.

El concejo fue que llevaran a Josefina al Hospital de Pediatría Garrahan. La familia de Laura hizo una fila que duró toda la noche para poder asegurarles un turno. De todas formas, las convulsiones no dieron espacio a ninguna espera y, ni bien llegaron al lugar, Josefina fue llevada en plena crisis a la guardia, donde los neurólogos tomaron la decisión de dejarla en observación. La observación se transformó en una internación que se extendió un mes. Ante la sucesión sin pausa de los episodios convulsivos los médicos decidieron sedarla con benzodiazepinas. Al segundo día en el hospital, el diagnóstico no tenía fisuras: por el retraso madurativo y el tipo de convulsiones, los médicos les confirmaron a Laura y a Fernando que su hija padecía el Síndrome de West, un tipo de epilepsia infantil muy agresivo que no responde a ningún tratamiento médico determinado.

Les recomendaron no buscar información por Internet, lo que Laura hizo de inmediato. “Todo lo que encontraba era trágico, leía lo que era la enfermedad y lloraba, pero me dije: ‘tengo que saber qué es lo que le pasa a mi hija, ¿hay otros casos?, ¿cómo se trataron?, ¿alguno mejoró?’, tenía que saber”, dice transmitiendo la determinación que la llevó a informarse.

Facundo grita un gol, Laura sonríe. Le pide a Fernando que le sirva un poco de agua. “En ese momento no sabíamos que cada espasmo era una convulsión, calculamos que llegó a tener 600 al día”, recuerda. “Tenía hasta 22 episodios al día, cada episodio podía durar hasta 40 minutos, hasta que decidieron darle lorazepam como medicación de rescate cuando llegaba a los 25 minutos y con eso se quedaba dopada”.

Así, de la mano de la intervención médica, además de los estudios, vinieron los fármacos. Rápidamente comenzaron a administrarle el antiepiléptico vigabatrina, luego topiramato, luego vitamina B6. Pero poco a poco, los padres fueron poniendo sus límites, comprometerse con lo que le pasaba a su hija hizo que cambie la relación con los profesionales que la trataban. “Cuando le dieron el topiramato, un día se puso toda roja y caliente, yo había leído que podía provocar una hipertermia y se lo discutí a la neuróloga que me decía que no era posible. Ése es el problema, los médicos no están preparados para enseñarte a vos”, afirma Laura y Fernando la sigue: “Vienen, te dicen dos palabras y se van. No te contienen. Entendemos que necesitan actuar, pero vos necesitás que alguien te mire a los ojos y te hable. Es más, en el hospital no nos dejaban estar a los dos internados con Jose, pero luchamos y nos quedamos”. La pasividad ante el saber médico rápidamente dejó de ser una opción para ellos.

Pese a la batería de drogas suministrada por los profesionales del Garrahan, el cuerpo de Josefina no respondía. Así llegaron inyecciones de ACTH, una hormona que estimula la secreción de corticoides. Las crisis disminuyeron; el problema ahora era conseguir el fármaco. “Nos dijeron que cuando saliera del hospital no se la podían dar más, encima el laboratorio que la fabricaba lo había dejado de hacer y el nuevo laboratorio con licencia todavía no la importaba”, cuenta Fernando. “Por suerte entendieron que estábamos desesperados y nos consiguieron cinco dosis en una farmacia de Buenos Aires y después hicieron un rastreo en farmacias, donde encontramos otras 70 dosis”.

Una vez fuera del hospital, entre diciembre de 2013 y marzo de 2014, Josefina dejó de tener crisis. Seguían administrándole vigabatrina y de las inyecciones de ACTH habían terminado de aplicarle una serie de 45 dosis, algo que tuvieron que hacer ellos mismos. “Cuando salimos del Garrahan nadie quería hacerlo, nos decían que no podían darle una medicación que llevábamos nosotros”, explica Laura. “Recorrimos hospitales, farmacias y nada, tampoco en clínicas privadas. Nadie quería arriesgarse, así que terminó haciéndolo el papá”. “Aprendí a la fuerza”, reconoce Fernando. Quien le enseñó fue una enfermera que contactaron en el Garrahan, que en su propia casa le aplicó varias inyecciones. La mujer se había enterado del caso de Josefina a través del Facebook de una pariente de Fernando, de quien es amiga. Le explicó que tenía que pinchar a Jose en las piernas, no en la cola porque corría riesgo de infección por el uso del pañal. “Era un líquido muy pesado, había que diluirlo a baño maría”, explica Fernando y agrega: “Laura también hizo de enfermera, a la gorda hubo que ponerle una sonda para alimentarla porque se autoaspiraba los líquidos. Tuvimos que hacernos cargo, no quedaba otra, a pesar del miedo te vas acostumbrando a la enfermedad, te acostumbrás a llevarla”. En esa situación, volvieron a Mar de las Pampas para tener que tomar al poco tiempo otra decisión: empezar a discontinuar la ACTH hasta dejar de usarla por las contraindicaciones, entre ellas la posibilidad de que Josefina tuviera un paro cardiorerspiratorio. “Si leés los prospectos”, explica Laura, “te quedás pensando si le das la medicación o no”.

Encuentro con la planta

Avanza la tarde. Lo dice el sol que llega a la arena filtrado por los pinos. No miramos el reloj y afuera ningún ruido indica si terminó o no la hora de la siesta. Fernando vuelve de las habitaciones, viene con Josefina en brazos. La celebramos, ella sonríe, levanta las manos. Todo, ella, el momento y lo que se enciende en los ojos de sus padres, es hermoso.

Josefina se sienta en su silla alta, al lado de Laura y empieza a jugar con el celular, del que sale una música infantil donde se narra la historia de algún animal. La familia está completa.

“En marzo, cuando volvimos a hacer la consulta al Garrahan, la neuróloga decidió bajarle la vigabatrina porque reduce la visión y ahí decidieron sumarle levetiracetam”, continúa Laura. En mayo de 2014 volvió a tener convulsiones. “Fernando justo estaba terminando de hacer el techo de la casa. Grité desesperada: se puso dura como una tabla, parecía que le faltaba la respiración, fue un minuto, pero pareció eterno”. Laura acaricia a su hija, le corre un poco el pelo de la cara y se lo acomoda detrás de la oreja. “Pensé que se moría”.

Hasta las primeras semanas de julio las convulsiones se sucedieron. Una detrás de otra. Le aumentaron la medicación: topiramato, más ácido valproico, más vigabatrina. Ahí comenzaron también con la dieta cetogénica, un tratamiento alimenticio estricto a base de grasas y proteínas. Las inyecciones de ACTH que en un momento habían traído calma, ya no hacían efecto.

Con poco más de un año, Josefina ya sufría las secuelas de la enfermedad. Aún no habla, ni camina. Por eso, a las visitas periódicas al Hospital Garrahan, sumaron sesiones de rehabilitación en la Fundación para la Lucha contra las Enfermedades Neurológicas de la Infancia (FLENI). Fue ahí donde, por primera vez, Laura escuchó hablar del aceite de cannabis. No fue a través de los profesionales, sino de una madre venezolana que, si bien no trataba a su hija con cannabis, había leído que en Estados Unidos una familia había tomado esa decisión. Era noviembre de 2014.

Laura volvió a investigar. En Internet conoció el caso de Charlotte Figi, la niña con epilepsia que se tranformó en la primera persona con derecho a utilizar cannabis con fines medicinales en el estado norteamericano de Colorado. Eso la condujo a querer saber más. Se enteró así de la existencia de la Fundación Daya en Chile y de la lucha del colectivo Mamá Cultiva, quienes consiguieron que varios municipios asumieran el compromiso de cultivar cannabis para elaborar aceite para distintas patologías.

Al mismo tiempo, Fernando y Laura comenzaron a mirar lo que estaba atravesando Josefina desde una nueva perspectiva. “Tratamos de empezar a entender qué era lo mejor para ella”, explica Laura. “Nos encontramos con otro panorama con los terapistas, gente muy conectada con lo que uno es como persona y fuimos aprendiendo mucho. Una terapista me decía: ‘Todos los que están alrededor pueden tener el conocimiento porque estudiaron, pero el saber lo tiene Josefina, vos mirala y ella te va a saber decir lo que le hace bien’”. Esto y la información que comenzaron a acumular los convencieron de que probar los efectos del cannabis en Josefina era una opción real.

De vuelta en Mar de las Pampas, donde el caso de Josefina había movilizado a la comunidad en torno al jardín de infantes donde Laura trabaja, la red comenzó a tejerse. Por un lado, un matrimonio de una ex alumna les regaló los primeros cogollos y ofreció su ayuda para elaborar el aceite. “Ellos casi no fuman, tenían guardado un frasquito con dos cogollos y me lo dieron”, recuerda Laura. “No sabíamos de qué cepa eran, pero me dije que esto tenía que funcionar. Siempre tuve confianza, no sé por qué. Tenía una intuición”. En paralelo, se contactaron con las madres chilenas. El primer mail tuvo como destinataria a la presidenta de Fundación Daya, Ana María Gazmuri. “Le conté todo, que estaba desesperada y ella me empezó a explicar cómo ellos hacen los tratamientos, que no tenga miedo, que lo peor que podía pasar era que el cannabis le produjera somnolencia o alguna diarrea, cosa que con Josefina nunca pasó”.

El 7 de enero de 2015 decidieron comenzar el tratamiento. La primera dosis, aplicada con una jeringa debajo de la lengua, tenía el tamaño de un grano de arroz. Los resultados comenzaron a verse a los 10 días. “Dejó de hacer crisis por seis días enteros”, explica Laura. “Para ese entonces fue su cumpleaños y lo festejamos con toda la gente que nos ayudó. Unos amigos hicieron un espectáculo y ella lo miraba con unos ojos, con una conexión como nunca antes, la notábamos tranquila, nada irritable como antes. Ése fue el cambio: seguía con la medicación, pero la diferencia estaba ahí. No lo podíamos creer”.

Dr. Dustin Sulak: el uso del cannabis

Dr. Dustin Sulak: el uso del cannabis

En 1999 el Instituto de Medicina de la Academia Nacional de Ciencias de Estados Unidos publicó la reseña más completa de la cannabis medicinal hasta ese entonces. Descubrieron que la cannabis no era una sustancia completamente benigna; es una poderosa droga con una variedad de efectos.

Sin embargo, exceptuando el daño asociado con el humo al fumar cannabis, los efectos adversos están dentro de los rangos tolerables para otras medicinas. Por lo tanto, los problemas de seguridad asociados con la cannabis no impiden algunos usos en el ámbito médico.

La cannabis es una medicina no tóxica y no letal. Los investigadores no han logrado encontrar una dosis letal de cannabis y han encontrado que se requieren grandes dosis para producir toxicidad y muerte en animales, tan altas que sería casi imposible para un humano consumir cantidades similares, ya sea a través de la ingestión o por inhalación.

 

doctorEfectos adversos

Los usuarios de cannabis medicinal experimentan más efectos adversos que aquellos pacientes que reciben un placebo. De acuerdo a una reciente reseña publicada en el Journal of the American Medical Association,  los efectos secundarios más comunes son mareo, sequedad de la boca, náuseas, fatiga, somnolencia, euforia (excitación y felicidad), depresión, vómito, diarrea, desorientación, ansiedad, confusión, desequilibrio, alucinación y paranoia. Extrañamente, esa reseña no menciona el efecto negativo sobre la memoria a corto plazo, un efecto secundario (a veces adverso, a veces beneficioso) comúnmente informado por nuestros pacientes.

Te puedes dar cuenta que muchos de los efectos secundarios mencionados son los mismos que los síntomas que se sabe que la cannabis pueda aliviar. Este interesante fenómeno, conocido como efectos bidireccionales, está relacionado con la función del sistema endocanabinoide (SEC). Para que el SEC sea capaz de mantener el balance celular, tiene la capacidad de influenciar la fisiología  en direcciones opuestas. Por ejemplo, si hay demasiada actividad cerebral, los cannabinoides la pueden disminuir, pero si no hay suficiente los cannabinoides la pueden incrementar. Al sobrestimular el SEC, los pacientes pueden accidentalmente gatillar o empeorar los mismos síntomas que la cannabis alivia cuando es usada correctamente.

La cannabis puede temporalmente incrementar el ritmo cardíaco y disminuir la presión sanguínea. Para la mayoría de los pacientes, estos efectos son leves y tolerables. En pacientes que padecen enfermedad cardiovascular severa (por ejemplo, no poder subir las escaleras), estos efectos secundarios podrían ser dañinos. Por otra parte, dosis extraordinariamente bajas de canabinoides protegen al corazón de daños durante un infarto.

 

Las investigaciones han demostrado que los efectos adversos son más comunes en consumidores nuevos, bajo condiciones estresantes y después de haber consumido grandes dosis de cannabis. Mis colegas y yo hemos hallado que casi todos los efectos secundarios del cannabis están relacionados al uso de dosis excesivas y menos comúnmente con la variedad de la planta y el método de consumo incorrectos. Hemos desarrollado soluciones efectivas para ayudar a los pacientes a evitar y resolver cualquier efecto no deseado que estén experimentando.

 

Dependencia y adicción

Se ha demostrado que el uso ilícito del cannabis causa dependencia, pero es probable que el uso médico no conlleve al mismo riesgo. Aún así el porcentaje de dependencia es moderado con un 9% de usuarios que desarrollan dependencia, comparados con el 15% o 32% del alcohol y nicotina, respectivamente. El potencial adictivo de la cannabis es probablemente comparable al de la cafeína. El uso de la cannabis también puede producir síntomas de abstinencia cuando su consumo se detiene bruscamente, incluyendo ira, agresión, apetito disminuido, ansiedad, inquietud y dificultades para dormir, incluyendo sueños extraños. Estos síntomas se presentan 1 a 2 días después de la suspensión de la cannabis y desaparecen en 1 a 2 semanas. La mayoría de los pacientes comparan los efectos de abstinencia del cannabis con la de la cafeína.

Si quieres saber si tienes una dependencia u adicción a la cannabis, hazte estas preguntas. ¿El uso de cannabis está afectando negativamente tu vida social, profesional o recreacional? ¿El uso del cannabis interfiere con tus obligaciones? ¿Consumes tanta cannabis que ésta afecta tu capacidad cognitiva o coordinación muscular y afecta tu funcionamiento? ¿Continúas usando cannabis aunque sabes que ésta afecta tu funcionamiento? ¿Continúas usando cannabis aunque sabes que empeora un problema físico o psicológico?

 

Cannabis y conducción

Ya que la cannabis puede afectar el tiempo de reacción y esto llevar a un accidente, recomiendo que los pacientes eviten conducir u operar otra maquinaria bajo los efectos de la cannabis, hasta que se encuentre seguro de su respuesta a una dosis o preparación particular. A diferencia del alcohol, las personas que están bajo los efectos de la cannabis generalmente están conscientes de estos efectos, por lo tanto pueden utilizar su sano juicio y evitar conducir. No existen pruebas estándares de orina, aliento o de sangre que puedan determinar la intoxicación por cannabis, pero un oficial de policía puede realizar pruebas in situ para determinar si la persona está bajo los efectos del cannabis.

 

 

Efectos psicológicos secundarios de largo plazo

Se ha realizado poca investigación sobre los efectos secundarios a largo plazo del consumo de la cannabis. Nuestra experiencia clínica tampoco ha podido demostrar efectos negativos de largo plazo cuando la cannabis se usa correctamente. Estudios han demostrado que la cannabis no causa daño cognitivo duradero en adultos – mediciones de la función cognitiva regresan a la normalidad un mes después de la suspensión. Se ha demostrado que la cannabis puede aliviar los síntomas del desorden bipolar así como también aumentar el riesgo de desarrollar manía bipolar – la dosis y la selección de la variedad de cannabis son los factores claves en este efecto bidireccional. Existe poca evidencia que el uso de cannabis este asociado con psicosis (pero no es causante de); la incidencia es muy baja: 1 caso en 2,800 entre usuarios habituales, usando un grupo de hombres entre 20-24 años (grupo riesgo más alto), y solo 1 caso en 10,000 entre usuarios moderados del mismo grupo etario. Nuevamente, esta información enfatiza la importancia de encontrar la dosis óptima.

 

Sobredosis de cannabis

Los efectos adversos más comunes registrados en nuestra clínica están relacionados con los comestibles de cannabis. Si accidentalmente ingieres una sobredosis de cannabis no debes preocuparte – incluso dosis extremadamente altas de cannabis no producen daño cerebral, daño a órganos u otro tipo de toxicidad física. Aunque podría causar delirio y alucinación, las que pueden resultar muy desagradables. Recuerda que estos efectos son pasajeros; generalmente duran entre 4-24 horas. Si te encuentras en esta incómoda situación, la mejor estrategia es buscar un lugar tranquilo o usar un antídoto como una fruta cítrica (especialmente la piel o pulpa) y cannabis alta en CBD.

 

Fuente: Fundacion Daya

El cannabis se convierte en un tema político en Alemania

El cannabis se convierte en un tema político en Alemania

Una vez más, los acontecimientos actuales demuestran que se está produciendo una gran cantidad de cambios en Alemania y que se avanza en relación con el cannabis medicinal a buena velocidad. Sin embargo, la opinión pública cambia a un ritmo más rápido del que pueden seguir la política y los legisladores. Lee más aquí.

 

Menos de dos meses después de que el gobierno alemán anunciase su intención de crear una agencia del cannabis, se han publicado los detalles del proyecto de ley. Parece que el gobierno nacional de Alemania va camino de aprobar una ley este año que:

  • define los cogollos de marihuana como una medicina que los médicos y los farmacéuticos podrán prescribir a los pacientes con relativa facilidad;
  • hace que los permisos nacionales para la distribución de cannabis no sean necesarios;
  • posibilita que las compañías de seguros médicos se hagan cargo de pagar una compensación por los gastos en ciertos casos;
  • expresa la necesidad de crear una agencia del cannabis para garantizar el suministro, y conceder las licencias, además de supervisar el cultivo de cannabis medicinal.

Debido a que, en sentido jurídico, los cogollos no son una medicina o preparado registrados, sino un “principio activo”, hay que modificar la Ley de Estupefacientes alemana (BtMG, por sus siglas en alemán). No hay ninguna otra excepción para el cannabis en proyecto de momento. Hasta 2018, la compensación por los costes del cannabis medicinal seguirá ligada a la condición de que los beneficiarios participen en un estudio, que servirá para decidir quién va a tener que hacer frente a los costes del suministro de cannabis a partir de 2019. La misma disposición se aplica al Dronabinol y Nabilona. La mayoría de las asociaciones de pacientes se muestran positivas en lo que respecta a la legislación, pero son críticas con los requisitos que tienen que ver con la compensación. A día de hoy, no se sabe cuándo se cultivarán las primeras plantas de cannabis medicinal en Alemania, quién lo hará, ni se indica en el proyecto de ley publicado en enero.

Baviera rechaza la iniciativa ciudadana a favor del cannabis

A pesar de superar el obstáculo inicial de conseguir 25.000 firmas, el estado alemán que siente menos simpatía por el cannabis rechazó una iniciativa ciudadana a su favor. Ahora, tras recibir las firmas, el parlamento bávaro tiene dudas acerca de sus competencias, ya que el proyecto de ley afecta a la legislación nacional, y no a la legislación federal. Como consecuencia, el Tribunal Supremo de Baviera tuvo que estudiar el tema, y el 26 de enero de 2016, los jueces respaldaron la postura del gobierno federal, dirigido por el CSU. La legislación del cannabis es una cuestión nacional y, como tal, no puede resolverse a nivel federal. Además, los jueces fueron críticos con los muchos errores, sustanciales y procesales, cometidos por los promotores de la iniciativa. Los que cuentan con información privilegiada se habían temido que el intento de legalizar el cannabis a nivel estatal sería un paso demasiado grande, incluso para el erudito más liberal del derecho constitucional y, por lo tanto, poco realista.

Sin embargo, los activistas que acompañan a Vaclav Wenzel Cerveny no se dejan desanimar tan fácilmente y, después de la sentencia, anunciaron una segunda iniciativa ciudadana dirigida a conseguir la despenalización del cannabis. Los expertos esperan que esta iniciativa tenga mayores oportunidades de éxito, pero todavía no ha llegado a ese punto. La siguiente gran cita de la federación bávara del cannabis y sus partidarios será la segunda feria del cannabis en Múnich. La primera edición de Cannabis XXL tuvo lugar en 2015 en la capital de Baviera y, pese a su baja asistencia, causó bastante revuelo. La segunda se va a celebrar del 8 al 10 de julio de 2016 en la boca del lobo bávara.

Se mantiene el límite de un nanogramo

En lo que se refiere a conducir bajo los efectos del cannabis, Alemania mantiene un límite de 1 nanogramo de THC por ml en la sangre – el límite de THC más estricto del mundo. No hay nigún otro país en el que se haya multado, prohibido conducir o retirado el carnet de conducir a tantos conductores que habían consumido cannabis hacía poco.

Estas reglas estrictas las estableció, en parte, la “Comisión Grenzwert (Grenzwertkommission)“, un grupo de trabajo multidisciplinar compuesto por científicos y expertos que informa al gobierno nacional de Alemania sobre cómo determinar los valores límite admisibles. Este grupo está formado, entre otros, por expertos médicos y legales, ingenieros de tráfico, médicos forenses y químicos toxicológicos. La Comisión Grenzwert es la misma comisión que el pasado otoño criticaba el concepto de “contenido de alcohol en la sangre” en un artículo en la prensa especializada y que, con respecto al cannabis, recomienda que el nivel máximo se incremente a 3ng. Por desgracia, sólo cinco conductores afectados respondieron ante estas afirmaciones mientras que los políticos se mantuvieron en silencio. Los abogados de los conductores vieron en el artículo una razón para oponerse a las prohibiciones de circulación y revocaciones de licencias, previamente impuestas a sus clientes. Los cinco habían presentado valores de 1 a 3ng en sangre y estaban, de hecho, sobrios. Como los tribunales alemanes han seguido hasta ahora las propuestas de la Comisión Grenzwert y debido a que hay muchos casos marginales pendientes actualmente en Alemania, la decisión que iba a tomar el tribunal de Gelsenkirchen suscitó un gran interés. Finalmente, el tribunal optó por no seguir las recomendaciones de la Comisión Grenzwert, a pesar de que el presidente de la comisión, Thomas Daldrup, participase en calidad de testigo durante el juicio. Las objeciones presentadas fueron denegadas y la revocación del permiso de conducir sigue en vigor. Con esto, el límite extremadamente severo de 1ng sigue vigente, aunque el comité consultivo lo haya considerado injusto. El gobierno nacional tampoco tiene ninguna intención de escuchar las recomendaciones de su propio panel de expertos o de modificar la ley, y a las cinco víctimas sólo les queda esperar un juicio más favorable en su apelación.

No hay nada fácil

Una vez más, los acontecimientos actuales demuestran que se está produciendo una gran cantidad de cambios en Alemania y que se avanza en relación con el cannabis medicinal a buena velocidad. Sin embargo, la opinión pública cambia a un ritmo más rápido del que pueden seguir la política y los legisladores. Como se ilustra claramente en el proceso legislativo del uso medicinal del cannabis, los que están en el poder sólo toman medidas cuando no les queda otra opción. Por esta razón, el cambio sólo llegará al represivo sur de Alemania, y sobre todo a Baviera, en lo que respecta a las violaciones de tráfico, cuando un número suficiente de personas pasen a la acción o estén dispuestas a recurrir a los tribunales para acabar con la injusticia que se está cometiendo con ellos. Sin los cargos que se presentaron contra Günther Weiglein y sus seguidores, esprobable que no se hubiera redactado ningún proyecto de ley para la creación de una agencia del cannabis. Sólo cuando más activistas defiendan sus derechos, como en Baviera, o cuando más conductores valientes acudan a los tribunales, Alemania moverá ficha para realizar cambios en otros aspectos importantes de su política del cannabis en un futuro previsible. Porque recuerda: “no hay ninguna otra excepción para el cannabis en proyecto de momento.”

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